Villaoscura
Un lugar que casi nadie visita, y sin embargo lo conocemos bien.
Antes de cruzar conviene saber dónde te metes: qué es la aldea, qué es el velo y quién da fe de lo que vive al otro lado.
¿Qué es Villaoscura?
Villaoscura no es un lugar inventado desde cero. Es un sitio real, visto a través de una capa que casi nadie llega a cruzar: mismo terreno, mismo río, mismo bosque, misma piedra — pero con lo oculto vuelto visible. La aldea real y Villaoscura son el mismo sitio en dos capas.
El velo
El velo es, ante todo, niebla: la que sube del cañón al alba y al anochecer. Cuando espesa, se afloja y el otro lado queda a un paso. Pero la niebla floja no basta por sí sola — solo se cruza portando el objeto adecuado o cumpliendo el acto correcto: una máscara puesta, una ofrenda, una noche concreta del año.
Sin niebla, el objeto no sirve de nada. Sin objeto, la niebla es solo clima.
Desquiciados
No inventamos las criaturas que encontrarás aquí. Estuvieron en Villaoscura, cruzaron el velo o fueron vistas a través de él, y al desvanecerse dejaron algo de sí: un rastro, un objeto, una imagen. Nosotros recogemos esos rastros y les damos forma — máscara o figura — como acto de dar fe. Cada pieza certifica que algo fue visto. No lo ilustra sin más.
El vínculo viene de antes que la marca: un oficio heredado, transmitido de manos más que de palabras. 2011, el año que reivindicamos como nuestras raíces, no es el origen de ese vínculo — es el momento en que tuvimos nuestro propio roce con el velo. Qué fue exactamente, todavía lo estamos contando, en fragmentos.
El Censo de Villaoscura
Es el registro de quienes quieren ver las piezas antes que nadie. Censarse equivale a hacerse vecino de la aldea: acceso a lo que custodiamos, avisos de cuándo el velo está más fino, entrada anticipada a piezas nuevas. Cuantos más vecinos hay censados, más fino se mantiene el velo — y más se deja ver al otro lado.
Lo que encontrarás
No todo lo que cruza el velo es de aquí. Algunas piezas son testimonios nativos: criaturas que pasaron por Villaoscura y dejaron su rastro. Otras son miedos que llegaron de fuera y quedaron atrapados en el umbral, cargando su propia forma reconocible de siempre: el vampiro, el muerto que vuelve, la criatura cosida a pedazos.
Nativas o forasteras, todas toman cuerpo en el taller como figuras y máscaras hechas a mano.
¿Tu criatura aún no ha cruzado el velo?
Dinos cómo es y la traemos a este lado, como máscara o como figura.